Resulta cuestionable que la calidad indiscutible de producir riquezas y administrar recursos con éxito, sea incompatible con la gerencia publica en todos sus niveles; el caso de Piñera me parece patético, este hombre importante para el mundo por su inteligencia económica es obligado a renunciar a su papel más indispensable para el desarrollo humano gracias, o por desgracias a la enorme envergadura del estado chileno, y en general de los gobiernos actuales producto de los polos políticos que hacen, sin que deban a los gobernantes la pieza más importante del accionar social. La inteligencia económica, fundamental para un administrador público, es parte intrínseca en un empresario de éxito, al que se le pide dejar de lado lo que más y mejor le produce por un sacrificio extremo que en definitiva lo tiraría al piso mediático.
En una democracia, real, de poderes divididos, con estados pequeños, las funciones del jefe de gobierno no serian incompatibles con las de empresario, en especial cuando la iniciativa privada lucha con la competitividad como bandera.
A menos que la aspiración de un tipo talentoso sea la de figurar en los libros de historia de manera inequívoca, el desarrollar a su país, o el querer hacerlo, no bastan como motivación para truncar el propio desarrollo; este sistema latino de semimonarquia quinquenal que otorga demasiado poder a una persona y demasiada responsabilidad a la misma persona, genera más mediocridad y gasto social que el perjuicio económico de mantener a funcionarios de importancia, y por mucho.
La gerencia de recursos públicos, es una tarea muy importante para ser compartida entre otras como la de representación internacional del estado, y para ser impune por motivos de grandeza de esta; la jefatura de los recursos públicos debería ser una tarea de tiempo completo mas no una actividad de 24 horas, que le permita, a quien la ejerce, ser un humano con aficiones y labores civiles de normalidad social; y los órganos constitucionales y otras voluntades populares bastarán para desbaratar la corrupción en las pocas funciones que tendría este gerente estatal.